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Por Lic. Enikö Bihar yAsoc. - Contáctese con Nosotros                                                 


Los medios de comunicacion y su influencia sobre la sociedad

Presenciamos el fin del industrialismo y a su vez el nacimiento de una nueva civilización tan profundamente revolucionaria que constituye un reto a todo lo que hasta ahora dábamos por sentado.

Una extraña y nueva sociedad surge visiblemente ante nosotros donde se percibe un malestar que es consecuencia de la desorientación frente a un mundo creado por el mismo hombre. Estamos inmersos en una cultura no sólo extraña, sino contradictoria donde la prematura llegada del futuro hace cada vez más difícil seguir el paso de la realidad.

El "deseo de tener" desarrolló una civilización comercial: equipos de audio, teléfonos inalámbricos, televisores, computadoras para el hogar, radios y demás sistemas de comunicación que se adquieren febrilmente, para obtener un resultado paradójico. A partir de su adquisición ya nadie se comunicará, ya no habrá más alteridad. No hay más posibilidad para el consenso o el disenso. La era de las comunicaciones supone un deterioro de la comunicación humana. La simple presencia de la televisión cambia las relaciones familiares a punto de dejar sólo un vestigio de ellas.

Todo el Universo llega a desplegarse arbitrariamente en nuestra pantalla doméstica con información inútil y excesiva que nos llega desde el mundo entero. Estamos sobreinformados por crónicas periodísticas cuya característica está en los comentarios cortos, claros y sencillos. No habrá necesidad de memoria, de referencia o de continuidad, todo debe ser comprendido de inmediato. Si bien la información llega, el acontecimiento se olvida pues es expulsado por otros más espectaculares.

Hay una voracidad en consumir noticias, algo nuevo cada hora, pero perdemos la actualidad de los datos por la rapidez del cambio.

Los principios de la comunicación se basan en seducir al público, distraer, presentar la actualidad como candente, lograr el efecto necesario para "enganchar" a la mayor parte del público a ritmo rápido. La imagen debe distraer, retener la atención y asombrar. La velocidad y "transparencia" de los mensajes no requieren del cuidado, crítica y progreso de nuestro intelecto. Es más fácil ver que leer y pensar.

Según Jean Baudrillard "... estamos en una cultura de la comunicación y de la información, pero sin secretos, una cultura pornográfica que todo lo muestra ya que es demasiado transparente. La pornografía así entendida es el éxtasis de la comunicación. Es la obscenidad de la inmediatez de todas las acciones y de todos los acontecimientos. Es en esta obscenidad que llega su fin toda representación, toda creación."

Lo cierto es que el éxito de la pantalla chica no está dado por la calidad de sus programas sino de la necesidad de evasión que sufre el hombre en su cotidianeidad, intentando olvidar la monotonía, la mediocridad y la imposibilidad de proyectos reales para un cambio significativo. Se consumen programas en los cuales nos identificamos fácilmente con algún personaje pues la vida real nos lo niega. Esto nos lleva a pensar que no estamos conformes con nuestra existencia.

Pero no sólo consumimos objetos ofrecidos por la publicidad en forma seductora, prometedora e idealizada, sino también información de cualquier índole, deportes, viajes, formación, cuidados estéticos, en definitiva, el consumo de la propia existencia. Nos tratan de vender un estilo de vida ligada a una escala de valores que nada tienen que ver con nuestra formación occidental.

La noticia se transformó en espectáculo, sin importar el contenido del mensaje: el asunto principal es llenar espacios con muchas novedades a tal punto que cada individuo puede ahora proporcionar una noticia. Recordemos varios programas televisivos, donde la gente habla de su vida, de su intimidad. 

La edad postmoderna está obsesionada por la información y la expresión. Todos podemos ser locutores y ser oídos. Cuanto más se solicita la subjetividad, más anónimo y vacío es el efecto. Nadie en el fondo está interesado por esa profusión de expresión, salvo el emisor o el propio creador. Así es como el emisor se ha convertido en el propio receptor.

Los equipos de transmisión de sonidos, de imágenes, seducen a las personas y queda bloqueada la real comunicación entre los seres humanos. Son imágenes, sonidos, secuencia de imágenes fragmentados en tiempos pequeños, que no permiten la posibilidad de ordenarlos en una secuencia que responda a nuestro ciclo vital, a nuestro sentir o vivir.

La publicidad se impone sin permitir el discernimiento. Es el Amo de esta dialéctica. Es Amo mientras hayan consumidores, pero a su vez es también Esclavo pues necesita de ellos para que funcione con éxito el consumo.

La seducción del consumidor se hizo realidad. Se vive en un mundo de simulación, para las expectativas, para lo que vendrá, olvidándose que es en nuestro presente que podemos desplegar nuestras potencialidades. Proponiendo continuamente nuevas necesidades, la publicidad se contenta con explotar la aspiración común al bienestar y a la novedad. Poder estar o tener algo novedoso es por muy poco tiempo. El mañana presenta una nueva opción y un nuevo deseo.

Al poner a los seres en situación de consumidores pasivos y sin iniciativa, los medios de comunicación frisuran la vida de relación, aíslan a las personas, restringen la ocasión de reunirse, atrofian el gusto por el intercambio y la conversación. Nos divierte repetir slogans archi-usados creyendo que con este tipo de discurso estamos "fashion".

También gracias a la publicidad la persona se adhiere a la moda con la pretensión de resaltar su persona cuando en realidad lo que consigue es uniformarse. La publicidad uniforma los deseos y los gustos, aplana las personalidades individuales, atrofia las facultades de juzgar y decidir personalmente. Es un lavado de cerebro que ha contribuido a descalificar la ética, el pudor, el buen gusto y los valores tradicionales.

En nuestro país, los programas de la tarde son dirigidos a un público con coeficiente mental de un púber. Se compran y se vender éste tipo de programas, por lo que podemos deducir que en otros países pasa algo similar. Y lo peor, es que se siguen atentamente las aventuras o desventuras de sus héroes sin capacidad de crítica, con un alto índice de mecanismos psicológicos como la proyección o la identificación.

Los héroes, cuando se tratan de películas de acción, son galanes "duros de matar" o semi-robots y que no pueden con ellos ni todo ejército con armas sofisticadas, son los semi-dioses actuales. En los dibujitos animados tenemos el ejemplo del desdichado coyote y el siempre vivo correcaminos que nunca muere. Sólo Superman tuvo que "morir" un tiempo, porque no generaba los millones de dólares como esperaban los productores.

La publicidad contribuye a agitar el deseo, glorificar las novedades, y con el factor extravagante provocar la sorpresa y facilitar así el consumo. Es el culto a lo superficial. Un producto se vende en la mayoría de los casos por una buena publicidad más que por sus bondades. Pero la publicidad al igual que la moda está hecha para ser olvidada. Con la noticia pasa algo similar. Lo de ayer aburre, hoy queremos algo distinto.

El sujeto es golpeteado por flashes de sensaciones e imágenes y la información constante. Pero se encuentra ante la imposibilidad de la lectura del otro, sólo puede leer al otro a través de la mediatización de los medios.

El exceso de información ha tornado imposible absorber los mensajes. En ésta era donde los medios de comunicación de masas desempeñan un papel determinante, el incremento constante de estos medios no hace que ésta sociedad sea más transparente, al contrario, la sumerge en un caos. Las emisoras de radio se superponen y se mezclan hasta el punto que a veces ya no comunican en absoluto. Están también saturadas. Nos llega el ruido únicamente.

En el mejor de los casos, lo comunicado está allí expuesto como la única posición, ya no es una posibilidad, una idea a discutir, un pensamiento a desarrollar. ¿Qué pasó con el ideal de libertad por la que tanto se luchó?


Hay una primacía del acto de comunicación sobre la naturaleza de lo comunicado, la indiferencia por los contenidos, comunicar por comunicar, expresarse por expresar. Nos ocupamos de nosotros y sólo importa lo nuestro. Lo que dice el otro, el semejante, es pronto un vago recuerdo de un sonido, de algo oído sin escuchar. Surge así el individuo en busca de sí mismo, Narciso, obsesionado solamente por sí mismo. El narcisismo se define no tanto por la explosión libre de las emociones como por el encierro sobre sí mismo. De ahí la obsesión moderna del yo en su deseo de revelar su ser verdadero y auténtico.

Un sentimiento de vacío interior y de absurdidad de la vida, incapacidad para sentir y expresarse son los trastornos narcisistas que se presentan. Narcisismo también por la expresión gratuita, la indiferencia por los contenidos, la comunicación sin motivo ni público. Nos comunicamos más en lo aparente, pero fragmentado, discontinuo y en una forma más informal donde la formación queda atrás y sólo da lugar a la noticia.

El narcisismo conduce a los individuos a reducir la carga emocional invertida en el espacio público y aumentar las prioridades de las esferas privadas. La misma sociedad ha empezado a fragmentarse de esta manera, cada grupo ha llegado a hablar un curioso lenguaje privado, cada profesión ha desarrollado su propio código de ideología o modo de hablar particular y finalmente cada individuo ha llegado a ser una especie de isla lingüística, separada de todas las demás. Estos signos y lenguajes se van renovando, copiando y repitiendo y en pocos meses hay nuevas palabras, nuevos términos que incorporados al vocabulario deben ser insertados e interpretados por el resto. La persona que no lo entiende queda afuera.

Todo nuestro sistema social contemporáneo con un perpetuo cambio arrasa tradiciones que todas las anteriores formaciones sociales han tenido que preservar de un modo u otro. Ya no hay una organización política. Desaparecido el espacio público la tarea es fortalecer el Yo, y el sujeto se encierra en el ensimismamiento, en el cuidado de su cuerpo olvidándose de su espíritu, de su intelecto.

Los medios de comunicación han sustituido a la Iglesia, la escuela, la familia, los partidos políticos y otras agrupaciones tradicionales como instancias de socialización y de transmisión de saber. Vivimos el fin de los grandes proyectos, de los grandes mitos políticos, de las grandes ideologías. La sociedad post-moderna no tiene ídolo, ni tabú, ni ningún proyecto histórico movilizador. Ninguna ideología es capaz de entusiasmar a las masas. La misma función de las noticias es relegar tales experiencias históricas recientes lo más rápidamente posible al pasado.

Con esa indiferencia hacia el tiempo histórico aparece una apatía frívola, una profunda indiferencia hacia el mundo. El hombre indiferente no se aferra a nada. Aparece la incapacidad para sentir y relacionarse con los demás, el deseo y el dolor de estar solo.

No son los hombres sino los medios de comunicación electrónicos que se convierten en una densa red de inmediata y total intercomunicabilidad, posibilitando la anulación de las distancias espaciales y temporales, la coexistencia y simultaneidad de tiempos y espacios que pierden sus caracteres diferenciales, disolviendo la temporalidad en una sucesión de instantes inconexos. Se produce así una profunda ruptura de la conciencia histórica, privilegiándose el instante -lo efímero- para el cual y desde el cual no hay continuidad ni trascendencia posible.
El gusto por el cambio provoca el desprecio por la herencia ancestral. Antes importaba más lo del país, ahora lo que tiene que ver con nuestra época, con el mundo en general.
Y cuando el tiempo sea sólo rapidez, instantaneidad y simultaneidad, mientras que lo temporal entendido como acontecer histórico haya desaparecido de la existencia de los pueblos, será el fin de la historia y de esta humanidad que conocemos.


Por La Lic. Enikö Bihar y Asociados

 

 

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